El Audi en los años 20

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Tras el final de la Primera Guerra Mundial, en 1919, prácticamente todos los fabricantes alemanes de automóviles se vieron obligados a mantener la fabricación de los mismos modelos de gamas base que ya se hacían antes de la guerra, porque la inflación galopante les impidió la inversión en nuevos proyectos. El Audi no fue la excepción, por lo tanto, durante los primeros años después de la Primera Guerra Mundial volvió a producir modelos como los Typ C, Typ E y Typ G, ya tecnológicamente anticuados pero que permitieron a Audi pasar incólume el difícil período de hiperinflación de los años veinte, y procurar recursos suficientes para el aún más difícil periodo que se vendría.

Apenas pudo, comenzó a invertir en la renovación de automóviles: el primero de estos modelos fue el debut del Typ K, equipado con soluciones modernas, como motor en un solo bloque de aleación ligera, con barras de hierro y sistema de frenado en las cuatro ruedas. Pero no mucho de la innovación fue obra de August Horch: él, de hecho, después de la guerra, continuó siendo empleado por tareas administrativas alemanas, que no tenían nada que ver con el espíritu original del fundador histórico de Horch y Audi. Finalmente, en 1920, Horch debió abandonar Audi (¿?!) para mudarse a Berlín, donde podía hacer frente a las tareas asignadas con mejor performance. En Zwickau, por su parte, la situación no era color de rosa: el Typ K resultó ser un fiasco, lo mismo que el modelo de tamaño mayor, el Typ M.

En un esfuerzo por salvar el destino de la empresa, August Horch se fue de Berlín a Zwickau y comenzó un plan desesperado que daría lugar a la realización del gran Typ R, también llamado Imperator. Los grandes márgenes de beneficio que un coche de lujo siempre ha entregado, podrían traer un soplo de aire fresco para el fabricante alemán. Pero no fue así: no sólo, el Typ R fracasó en su intento, sino que empujó a Audi al abismo de la bancarrota. Fue el danés Jørgen Skate Rasmussen, propietario de Zschopauer Motorenfabrik, más conocido como DKW, quien inyectó capital en la casa de Zwickau. Rasmussen compró en 1928 la participación mayoritaria del Audi, que dejó de ser un mero fabricante de automóviles para convertirse en una marca.

Creciendo
  • Aceptación del Audi en 1926

A Remar

A la Audi le iba bien en los años 20 y cuando la situación parecía aplananarse, a fines de 1929 se produjo lo inesperado: la caída de la bolsa en Wall Street, con todas las consecuencias que traerían en los primeros años de la siguiente década. No obstante, Audi experimentará una situación que valdrá la pena leer en la próxima edición de Smarty.

4.8

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